Dios desea compartir con nosotros su vida divina. Dado que como seres humanos somos cuerpo y alma, cuando Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, Jesús instituyó signos físicos que podemos experimentar en y a través de nuestros cuerpos, mediante los cuales recibimos su gracia y su vida divina en nuestras almas. Cada uno de los siete sacramentos tiene un aspecto físico y espiritual, involucrando nuestros sentidos, dando vida a nuestras almas y redimiendo nuestros cuerpos. A través de los siete sacramentos, entramos en la familia de Dios y participamos de su vida divina.










